Vivimos un momento apasionante de potencialidad y de cambio en el mundo de la educación. Frente a enfoques “binaristas” encerrados en debates que oponen diferentes estrategias educativas como si fueran irreconciliables e incompatibles, podemos ver este momento de transición educativa como un fenómeno multidimensional, que puede y debe abrazar la complejidad y riqueza de muy diferentes experiencias pedagógicas creativas.
        Dice Edgar Morin que “el “binarismo” descompone en verdadero o falso, lo que puede ser parcialmente verdadero, parcialmente falso o a la vez verdadero y falso”(1). Los esquemas binarios pueden ser peligrosos por su reduccionismo. El “binarismo” carece de la capacidad de ver los matices y extrema posturas que se enfrentan porque se centran en aquello que las aleja, en vez de buscar puntos de acercamiento y sobre todo la posible complementariedad de sus diferencias. En Occidente tendemos a pensar en lo opuesto como una amenaza en vez de como algo que puede completarnos y abrirnos nuevas vías de exploración y aprendizaje. Gianni Rodari, por su parte, introdujo la noción de “binomio fantástico”. Este concepto siempre me ha interesado porque el binomio de Rodari necesita precisamente de la distancia y la diferencia para crear relaciones insólitas e interesantes. Los binomios de palabras le servían a Rodari para imaginar nuevas historias fascinantes que surgían de relaciones improbables entre palabras sin relación previa. Nosotr@s proponemos en nuestra práctica todo tipo de binomios fantásticos de objetos, materiales, espacios, escalas, tiempos, asignaturas, disciplinas y personas. Utilizamos el contraste y la distancia para generar nuevas experiencias y enriquecer nuestros espacios de aprendizaje. Objetos y materiales sin vinculación previa como los limpiacristales y la sal, combinados se vuelven complementarios y ofrecen nuevas posibilidades de exploración y de expresión gráfica y movimiento. Combinando materias como artes plásticas y matemáticas podemos proponer experiencias geométricas colaborativas a través de objetos tan dispares como teselas de vidrio, desatascadores o cinta de carrocero. Cuando nos damos la posibilidad de jugar, las posibilidades se multiplican al infinito.

 

 

        Así, con los materiales más banales podemos crear espacios para el asombro. Con objetos recuperados, anónimos, desvinculados de su función original, podemos crear lugares que despierten nuestra curiosidad innata. En este sistema social y económico acelerado en el que vivimos, una cantidad inaudita de objetos y de materiales se desechan, se vuelven rápidamente obsoletos. Son fáciles de recuperar y ello nos permite darles nuevas vidas, construir a través de ellos nuevas narraciones. En el proceso podemos aprender a hacernos responsables de todo lo que acumulamos y buena parte de lo que desechamos; aprender a consumir menos y de forma más consciente.

        Combinando objetos omnipresentes en el mundo infantil con otros alejados del ámbito educativo, podemos crear binomios fantásticos que generan nuevas relaciones, acciones y posibilidades de experimentación. Si los multiplicamos en el espacio, podemos inventar composiciones efímeras y paisajes inmersivos que nos ayudan a reconectarnos con nuestra parte más sensible, más lúdica y más creativa.

        En Createctura llevamos ocho años investigando y ensayando todo tipo de materiales, proponiendo ambientes de exploración y de aprendizaje, intentando proporcionar herramientas para el diseño de espacios pedagógicos basados en el desarrollo creativo. Laboratorios dedicados no solo a l@s niñ@s, sino a personas de todas las edades, abriendo vías también a docentes y familias para descubrir o redescubrir cosas que tenían olvidadas: sensaciones, emociones, experimentaciones... Este es un paso que consideramos necesario para que seamos capaces de repensar colectivamente todo aquello que hemos crecido dando por hecho.
        Las personas que llegamos al mundo educativo desde profesiones creativas, nos damos a menudo una mayor libertad para pensar las cosas desde otros puntos de vista, con otros filtros, poniendo la atención en lugares y detalles diferentes, como l@s niñ@s. Esta diferente mirada nos hace poner más energía en lo que sí podemos hacer en vez de en lo que todavía no. Considerar posibles cosas que otros no ven viables. Este tipo de mirada sostenida a lo largo de los años nos ha permitido hacer realidad muchas de las cosas que nos señalaban como imposibles. Porque las cosas solo son imposibles hasta que empezamos a hacerlas. Quizás, simplemente, lo necesario es generar las circunstancias para que otras realidades, que al principio solo están en nuestra imaginación, puedan concretarse. De eso va la serendipia: de ser capaces de generar las circunstancias adecuadas y después de ser capaces de observar los momentos claves para acompañarlos. Una tarea compleja y apasionante: todo un arte.

 

 

      En Createctura tomamos constantemente experimentaciones observadas en nuestros laboratorios pedagógicos para llevarlas a otros entornos diferentes, como museos y teatros. En ese proceso, las ideas, los materiales y las vivencias se enriquecen y vuelven de nuevo a la escuela transformadas. Se produce así un proceso de retroalimentación continua que nos permite estar siempre abiert@s a nuevos descubrimientos, a nuevas serendipias.
        En todos estos procesos de ida y vuelta hemos empezado a pensar que quizás nuestras escuelas podrían dejar de parecerse tanto a fábricas, herencia de nuestro sistema industrial, para inspirarse más en otros diseños más amables, diversos, atractivos y flexibles. En definitiva, con circunstancias más adecuadas para el aprendizaje.

        Como parte de esa reflexión empezamos hace unos años a proponer Escenografías habitadas, instalaciones que evolucionan a través de la acción de sus usuari@s. Las primeras las instalamos en teatros y otros espacios culturales, pero hoy disponemos también de un laboratorio permanente de investigación pedagógica en torno a esta herramienta de diseño de espacios pedagógicos. Al Cubo existe desde hace más de dos años como una “escenografía habitada” instalada de forma permanente dentro del colegio público Eloy Villanueva de Santander y de la que disfrutan a lo largo del curso todo el alumnado del centro, además de las familias que asisten a nuestros talleres.

 

 

        En el espacio Al Cubo, Sonia, una de las madres que asistía desde hace tiempo con sus hijos a talleres de creatividad y artes integradas me dijo un día: “qué bonita profesión la tuya, esta de dedicarte a crear momentos mágicos”. Qué privilegiados nos sentimos nosotros, por haber podido crear estos años lugares para maravillarse, compartir, explorar y ver a padres, madres e hij@s comunicando a través del juego, “creando momentos mágicos”. como decía Sonia.
        Hemos comprobado que a través de materiales y estrategias sencillas podemos transformar muchas cosas en nuestros espacios de educación y transformarnos nosotr@s mism@s en el proceso. Estos nuevos lugares educativos permiten trabajar contenidos curriculares a través de diferentes metodologías creativas, pero también deben ser tratados con la consideración de convertirse en nuevos ambientes de aprendizaje con sentido por sí mismos. Una herramienta con el potencial de darles a la imaginación, a la fantasía, a la creatividad y al juego el lugar que se merecen en nuestras escuelas.

        En este momento de transición educativa podemos y debemos adoptar muchos tipos de estrategias pedagógicas diferentes. Desde Createctura no creemos en las oposiciones excluyentes que piensan que este tipo de estrategias son incompatibles o van en detrimento de los “sacralizados” currículos. Como si dedicar un tiempo a otro tipo de experiencias impidiera ocuparse del currículo, como si este tipo de espacio no fuera precisamente un lugar idóneo para ver a l@s niñ@s de verdad y poder acompañarlos en sus aprendizajes, en sus retos y sus potenciales, descubrir con ell@s sus intereses. Este tipo de laboratorios, por su diversidad de opciones, son el hervidero perfecto para encender la motivación en l@s niñ@s y cuidar de su curiosidad. Si la situación lo requiere, podemos después canalizar esta energía para dirigirla a contenidos más estructurados.

        Nuestro papel en estos espacios se transforma, nos permite colocarnos en ese lugar de “observación activa” que nos hace partícipes de sus descubrimientos y que nos permite a continuación proponer experiencias nuevas, nuevos vocabularios.

 

        En la sociedad actual, el cambio no solo es necesario, sino simplemente inevitable. La escuela se ha mantenido durante mucho tiempo al margen de las transformaciones de las últimas décadas, como un espacio aislado de “no tiempo” . Hoy es un sistema en efervescencia gracias a miles de profesionales del mundo de la educación que lo están transformando desde abajo y desde múltiples periferias, a través de su esfuerzo, su motivación y su trabajo cotidiano. Pero en este momento de transición nos encontramos también con posturas cerradas, excluyentes y reduccionistas. Por eso pensamos que los “binomios fantásticos” puede ser una herramienta de utilidad para ampliar la mirada e imaginar nuevas estrategias pedagógicas. En Gramática de la fantasía, introducción al arte de inventar historias, Rodari nos cuenta que las ideas más interesantes surgen cuando tomamos dos palabras que están lo suficientemente alejadas y las combinamos. Es en ese momento cuando pueden surgir nuevas asociaciones creativas. Podemos imaginar historias en las que nunca antes hubiésemos pensado.
        Sin embargo, en el ámbito pedagógico tendemos a asociarnos con aquell@s que tienen nuestras mismas ideas y en la escuela much@s maestr@s sienten presiones para hacer lo mismo que sus binomios, para ir a la par. En realidad, esa manía tan arraigada que tenemos de uniformizar todo en la escuela, nos aleja del proceso de construcción creativa, de reflexión y mejora continua en la que debemos estar todas las personas que trabajamos en educación. Como decía al principio, tendemos a pensar en los que hacen las cosas de forma diferente como “oposición”, en vez de como “complementarios”. Sin embargo, l@s niñ@s podrían enriquecerse de diferentes metodologías, espacios y personalidades diversas a lo largo de sus jornadas en los centros educativos.

        Os proponemos integrar experimentación y reflexión, para entrenar esa mirada que permite acompañar los descubrimientos, tirar de los hilos que l@s niñ@s van eligiendo y brindarles otros para que puedan tener nuevas redes y sus propios “tejidos de aprendizaje”. Porque quizás así, poco a poco, jugando y explorando juntos, podremos transformarlo todo. 

 

Notas: 

(1) Morin, E. (2011) La voie. Pour l’avenir de l’humanité, Arthème Fayard, France.

 

Autoría texto: Irene Fernández Álvarez, febrero de 2020 

Corrección: Laura Sañudo y Luz Morcillo

Autoría de las fotografías en orden de aparición:

Irene Fernández (1),  Ewa Buchta (2 ), Kristina Kliska (3), Pablo López (4), Majka Tkacikova (5) 

 

 

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