Os compartimos un artículo de Marisa Pérez, la directora del Centro Música con corazón de Madrid, que se inspira en las investigaciones de Edwin Gordon sobre el aprendizaje musical.

Un pequeño fragmento:

"La comprensión musical no es dar explicaciones sobre las cosas, no es hablar sobre la música, ni ser capaz de descifrar una a una las notas escritas en una partitura, la comprensión musical es captar la lógica interna de la música, captar las relaciones que cohesionan los sonidos y que les dan un sentido intrínseco y esto lo hacemos en primer lugar de manera intuitiva cuando escuchamos música, como lo hacemos con el lenguaje hablado. La comprensión se encuentra en el mundo de los sonidos y mostramos nuestra comprensión cuando somos capaces de hacer algo no de explicar algo.

Despreciamos, es más, incluso ignoramos las primeras comprensiones que la música nos ofrece al entrar en contacto intenso con ella, porque son intuitivas y no teóricas y no sabemos construir nada sobre ellas. Hay un proceso natural que se despierta en la mente y en el cuerpo cuando escucha música y que se intensifica cuando se escucha con más profundidad y cuando se comienza a explorar y a responder de una manera libre y desinhibida. El cuerpo capta la lógica del ritmo y se coordina con las pulsaciones, el oído interior reconoce las similitudes, las diferencias, absorbe, registra, asimila, compara, relaciona, intuitivamente extrae el centro tonal, las sensaciones sonoras son recogidas y procesadas por nuestro sistema sensitivo y emocional. Cada melodía, cada modo, cada métrica musical transmite su esencia y nos carga de energía expresiva. Todo esto se desata sin que nos demos cuenta, sin que pongamos intención en ello y es tanto, que el profesor lo mejor que puede hacer es no estorbar, sino simplemente favorecer esa escucha atenta y estrecha.

Sobre ese proceso asimilativo y discriminativo que mente y cuerpo en unión (una clase de música sin movimiento sea cual sea la edad del alumno es un auténtico disparate) realizan por sí mismos, debemos extraer los primeros conceptos, la llave de acceso a las etapas posteriores. Y esto no consiste más que sencillamente en poner nombre a las cosas. Lo hacemos constantemente desde que nacemos, poner nombre a los objetos, sin saber que es el comienzo de la mente conceptual. El profesor ayuda a los niños a ir poniendo nombre a los objetos sonoros que ya bullen en su interior: pulsación grande, pulsación pequeña, ritmo doble, ritmo triple, ritmo irregular, mayor, menor, tónica, dominante, etc. Los patrones rítmicos y tonales, pequeños átomos sonoros que guardan la coherencia del todo, formarán el vocabulario básico con el que los niños comenzaran a crear sus primeras “palabras” y frases musicales."

 


Podéis consultar el artículo completo en DOCE NOTAS.

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